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10 claves para amarte

Escrito por Irene Colastra el . Posteado en Psicología

Desde el amor incondicional hacía uno mismo podremos construir lo que nos propongamos.

Te proporcionamos 10 claves que te pueden ayudar a conseguirlo:

  1. Deja de criticarte. La crítica nunca cambia nada. Niégate a criticarte. Acéptate exactamente tal y como eres. Todo el mundo cambia. Cuando te criticas, tus cambios son negativos. Cuando te apruebas, tus cambios son positivos.
  2. No te asustes. Deja de aterrorizarte con tus pensamientos. Es una forma horrible de vivir. Busca alguna imagen mental que te produzca placer (la mía son las rosas amarillas) e inmediatamente reemplaza el pensamiento aterrador por uno agradable.
  3. Sé amable, apacible y paciente. Sé amable contigo. Pórtate bien contigo. Ten paciencia contigo mientras aprendes esta nueva forma de pensar. Trátate como tratarías a una persona a la que verdaderamente amas.
  4. Sé tolerante con tu mente. El odio a uno mismo es el odio a los propios pensamientos. No te odies por tener los pensamientos que tienes. Cámbialos suavemente.
  5. Elógiate. La crítica destruye el espíritu interior. El elogio lo construye. Elógiate todo lo que puedas. Alábate por lo bien que haces las cosas, por más insignificantes que sean.
  6. Bríndate apoyo. Busca formas de apoyarte. Recurre a tus amigos y déjate ayudar. Es muestra de fortaleza pedir ayuda cuando se necesita.
  7. Sé indulgente con tus aspectos negativos. Comprende que los creaste para satisfacer una serie de necesidades. Ahora estás encontrando formas nuevas y positivas de satisfacer esas mismas necesidades. De modo que deja amorosamente que las viejas pautas negativas se vayan.
  8. Cuida de tu cuerpo. Infórmate sobre cuál es la nutrición adecuada para ti. ¿Qué clase de combustible necesita tu cuerpo para obtener la energía y vitalidad óptimas? Infórmate sobre las distintas modalidades de ejercicio físico que existen. ¿Qué tipo de ejercicio te gustaría hacer? Mima y venera el templo en el que vives.
  9. Trabajo con el espejo. Mírate a los ojos a menudo. Expresa el creciente amor que sientes por ti. Perdónate mirándote al espejo. Conversa con tus padres mirándote al espejo. Perdónalos también.
  10. ¡Hazlo ya! No esperes a sentirte bien, ni a perder peso, ni a tener el nuevo empleo o la nueva relación. Empieza ahora a hacer cosas y hazlas lo mejor que puedas.

AUTOR: Louise L. Hay. LIBRO: Amar sin condiciones.

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¡Descubre lo valioso que eres! ¡Quiérete incondicionalmente!

Escrito por Lidia Carmena el . Posteado en Uncategorized

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En nuestra vida cotidiana, usamos el término autoestima constantemente, pero ¿Sabemos exactamente de que se trata? ¿Existe alguna diferencia entre autoestima y autoconcepto?
Se podría definir autoconcepto como aquello que piensa uno de sí mismo, es una percepción que tenemos de nosotros en diferentes áreas: social, familiar, académica/laboral, corporal y global.
Por otro lado, la autoestima lo conformaría la relación que hay entre el autoconcepto y mi yo ideal (el que me gustaría ser), por lo tanto mientras más se acerque el autoconcepto a mi yo ideal, mayor autoestima se tendrá. De esta manera se definiría autoestima como “…la suma de un conjunto de juicios a cerca del propio valor y competencia en diferentes parcelas” (Mora, M. y Raich, R., 2005: 14)

Veamos un pequeño cuento que ejemplifica lo hasta ahora explicado:

EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
– E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
– Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
– Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas.
Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo. – ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

Jorge Bucay

Como vemos, el joven del cuento acude al maestro en busca de ayuda, pues la gente le está infravalorando de manera continua. Esto ha hecho que su autoestima se haya visto mermada con el paso del tiempo, el autoconcepto que tiene de si mismo cada vez dista más de su yo ideal.

Si nos paramos a pensar un momento ¿Existe alguna persona muy valiosa o poco valiosa? ¿Hay alguna manera objetiva de medir mi valía? Podríamos decir que aquella persona que se considera poco valiosa es la que no hace nada bien, pero ¿Existe alguien que no haga nada bien? Parece poco probable…

El joven se encuentra muy disgustado por el hecho de que algunas personas han considerado que tiene poca valía, pero estas no se han basado en nada objetivo para realizar dicha afirmación.

De esta manera, lo que el maestro quiere hacerle ver al joven es que independientemente de lo que le digan las personas, nadie puede juzgar su valía, pues todos los seres humanos somos valiosos en sí mismos. Y esta valoración no ha de depender de nuestros éxitos o fracasos, ya que hay veces que pese a esforzarnos no conseguimos llegar a nuestro objetivo, es decir, el afecto que nos tenemos a nosotros mismos no nos lo ganamos, sino que lo ideal es que fuera incondicional.

Si conseguimos esta autovaloración ilimitada, conseguiríamos ventajas como:

− Tener siempre presente que soy una persona valiosa pese a estar pasando por un mal momento.
− No tener miedo a ser rechazado o al fracaso por lo que estaré dispuesto a asumir más riesgos en mi vida.
− Cuando las cosas no marchen bien, es posible que me sienta decepcionado pero no me consideraré inferior por ello.
− No me sentiré superior ni inferior a nadie, esto hará que mis relaciones sociales mejoren.
− No me pondré a la defensiva cuando alguien me critique pues mi autoestima no estará en peligro.
− Me enfrentaré a mis errores más honestamente.
− Tendré mayor capacidad para aceptarme a mi mismo y para querer a los demás.
− Dado que no estaré continuamente preocupado por si soy un experto es esto u lo otro… tendré mas tiempo para disfrutar de la vida.


¿Y tú, estas preparado para dar un gran giro y empezar a tener una autoestima incondicional?

Dyka Álvarez Calderón.