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Emociones en niños

Escrito por Carmen Blanco el . Posteado en Psicología, Psicologia Infantil

emociones niña

Desde hace tiempo, están más que probados los beneficios de poseer una desarrollada inteligencia emocional. Así pues, es importante poner más atención en la identificación y manejo de las emociones, o lo que es lo mismo, en el entrenamiento de esta inteligencia como herramienta tan necesaria como la inteligencia lógica (resolución de problemas) o la lingüística.

Para educar en emociones a los más pequeños, es fundamental tener claro ciertos conceptos para después inculcarlos a nuestros hijos. Así, primero pensemos en lo importante y natural de sentir ciertas emociones consideradas como más “negativas”. Un ejemplo de este tipo de emociones más molestas que las positivas (felicidad, tranquilidad, satisfacción, etc.) sería la ira. La ira es una emoción básica y universal, que nos aporta información muy valiosa respecto a lo que estamos viviendo. Por ejemplo, si después de ser estafada no sintiera enfado, lo más seguro es que no me movilizaría a la tienda para reclamar. Normalizar este tipo de emoción ante nuestros hijos es el primer paso para educar en emociones. Sin embargo, cuando se pierde el control, la ira se vuelve destructiva y suele acarrear problemas con los demás.

Para enseñar a los niños a manejar la ira es importante que tomen conciencia de que se están enfadando, y que para eso tienen que poner atención a las señales corporales. Explicarles que respirar más rápidamente o que el corazón se acelera, son signos de que uno se siente enfadado. Ante esto, y con el objetivo de que ellos sean los que manejen su ira para que no les lleve al descontrol, presentamos una serie de trucos que les podemos enseñar:

➢ Lo primero párate y piensa antes de actuar. No actúes aún, primero detente y cuenta hasta 10, o quizás hasta 50, hasta que notes más tranquilo.

➢ Respira hondo varias veces. Coge aire por la nariz, mantelo y suéltalo despacito por la boca.

➢ Avisa a la otra persona de que estas enfadándote o que no te gusta lo que te está haciendo.

➢ Si no se te pasa, vete a otro lugar hasta que te sientas calmado.

➢ Habla contigo mismo: -Tranquilo. No le hagas caso-.

➢ Otras cosas pueden ayudarte. Busca la que más te sirva: Cantar en voz alta, dibujar, patear una pelota…

Y cuando estés más calmado recuerda hablar con tu hermana, compañero de clase… de porqué te has enfadado. Así, el otro podrá saber que es lo que te molesta para no hacerlo de nuevo. ¡Ves! ¡Enfadarse ayuda a llevarse mejor con los demás!

Carmen Blanco Fernández

Psicóloga Gabinete Actúa Psicología

Ayudemos a nuestros hijos a crecer: El refuerzo positivo

Escrito por Lidia Carmena el . Posteado en Psicología, Psicologia Infantil

blog niños playa   De sobra es conocida la importancia de dar refuerzos/premios a los más pequeños, como medida para conseguir establecer conductas deseables y adecuadas. Las leyes del aprendizaje demuestran que utilizar el reforzamiento con nuestros hijos es la mejor fórmula para ayudarles a crecer. Evitar el castigo, dejándolo reservado únicamente para las conductas inapropiadas. Alentar (reforzar) a un niño cuando recoge sus cubiertos de la mesa le indica el camino adecuado para mejorar, y propiciaremos que lo repita; mientras que si le regañamos por no haberlo hecho, conseguiremos que solo aprenda a que está mal no hacerlo, pero seguirá sin sabe que se hace exactamente después de comer. Está clara la importancia de ofrecer un refuerzo a nuestros hijos cuando hacen las cosas bien: ¡Estupendo, Juanito! Has dejado el cuarto muy recogido, ¡Genial, Ana! Estoy muy orgulloso de que estés estudiando tanto. Pero, ¿Qué pasa cuándo las conductas no son del todo adecuadas? Es entonces, cuando debemos poner en marcha el refuerzo “bajando el listón”. Realizaremos un moldeamiento de sus conductas, como si fueran plastilina, y reforzaremos las conductas que sin ser perfectas, se aproximan a lo que esperaremos en el futuro. Ejemplo: Un niño que estudia quince minutos al día acabará estudiando una hora, si le reforzamos progresivamente por estudiar un poco más. No esperes a que tu hijo se comporte adecuadamente para que se gane tu halago o premio. Nadie nace sabiendo, y hasta que se consigue hacer algo correctamente todos necesitamos práctica y que nos alienten. Tú como padre puedes ayudar a enseñarle de forma sana y fomentando una relación afectuosa. Carmen Blanco Fernández