La adversidad como oportunidad

Escrito por Irene Colastra el . Posteado en Psicología

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La adversidad nos ayuda a movilizarnos, muchas veces nos dejamos llevar por la inercia y actuamos en modo automático, ya que aunque no nos encontremos del todo cómodos en nuestra “adversidad habitual” es lo que conocemos, donde nos hemos movido siempre y cualquier cambio hacia una “adversidad distinta” nos provoca miedo.

El dolor llega para que nos encarguemos de aquello que nos desgasta. Si asumimos y afrontamos el dolor, dejamos paso a lo nuevo. Entregarse en el tránsito que implica el sufrimiento y no eludirlo hace que aquello que parece un obstáculo y una gran devastación se convierta en una oportunidad.

El sufrimiento emocional nos indica que quizá estamos aguantando algo que deberíamos soltar. Es el final de un proceso y el inicio del otro. Y en ese tránsito sufrimos. Si nos resistimos a atravesarlo la angustia se incrementa, pues no soltamos lo que ya no nos aporta, ni damos espacio a lo que quiere nacer. Uno puede enquistarse en ese dolor, alargando el padecimiento y haciéndolo agónico.

Te proponemos que anotes estas 8 frases en un lugar visible, para que las tengas siempre en cuenta, recordándolas especialmente en aquellos momentos en los que parece que todo se tiñe de negro.

  1. El dolor es parte de crecer:

A veces no nos movemos sin que las circunstancias nos obliguen a ello. En tiempos difíciles recuérdate a ti mismo que el dolor no viene sin un propósito. Cada logro requiere de una lucha digna para llegar ahí. Las cosas buenas toman tiempo. Sé paciente y positivo. Todo tiene solución, quizás no de manera inmediata, pero con el paso del tiempo así será.

  1. Todo en la vida es temporal:

Cada vez que llueve, deja de llover. Cada vez que sales herido, te sanas. Después de la oscuridad siempre sale el sol. Recuerda eso cada mañana, nada dura para siempre.

Si las cosas están bien ahora, disfrútalo, no durará para siempre. Si las cosas van mal, no te preocupes, porque tampoco durará para siempre. Sólo porque la vida se pone algo complicada, no significa que no puedas sonreír. Sólo porque algo te está molestando, no implica que no puedas alegrarte. Cada momento es un nuevo comienzo y un nuevo fin. Cada segundo te regala una segunda oportunidad. Sólo tienes que aprovecharla y dar lo mejor de ti.

  1. Preocuparse y quejarse no cambia nada:

Aquellos que más se quejan, son los que menos logran. Siempre es preferible intentar hacer algo grande y fallar, que no intentarlo. No todo está perdido si fallas; está perdido si no haces nada más que quejarte al respecto. Si crees en algo, sigue intentándolo. No dejes que las sombras del pasado oscurezcan las puertas del futuro. Pasar el día quejándose acerca del pasado no hará más brillante el mañana. Deja que lo que has aprendido mejore tu vida. Haz un cambio y no mires atrás.

  1. Tus cicatrices son parte de tu fuerza:

Nunca te avergüences de las cicatrices que la vida te ha dejado. Una cicatriz significa que el dolor ha pasado y la herida está cerrada. Significa que has doblegado el dolor, aprendido una lección. Has crecido fuerte y has seguido adelante. Una cicatriz es el tatuaje del triunfo del que debes enorgullecerte. No permitas que las cicatrices te hagan vivir con miedo. No puedes hacerlas desaparecer, pero puedes cambiar la forma en que las ves. Puedes empezar a ver tus cicatrices como una señal de fuerza y no de dolor.

  1. Cada pequeña lucha es un paso adelante:

En la vida, la paciencia no es esperar. Es la habilidad de mantener una buena actitud mientras trabajas duro para alcanzar tus sueños. Esto significa perder estabilidad y comodidad por un tiempo. Puede significar no comer o dormir como estás acostumbrado el tiempo que sea necesario. Puede significar las burlas de otros, o tiempos de soledad. Sin embargo la soledad, es un regalo que hace que las grandes cosas sean posibles. Te otorga el espacio que necesitas. Todo lo demás es una prueba a tu determinación.

Emociones en niños

Escrito por Carmen Blanco el . Posteado en Psicología, Psicologia Infantil

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Desde hace tiempo, están más que probados los beneficios de poseer una desarrollada inteligencia emocional. Así pues, es importante poner más atención en la identificación y manejo de las emociones, o lo que es lo mismo, en el entrenamiento de esta inteligencia como herramienta tan necesaria como la inteligencia lógica (resolución de problemas) o la lingüística.

Para educar en emociones a los más pequeños, es fundamental tener claro ciertos conceptos para después inculcarlos a nuestros hijos. Así, primero pensemos en lo importante y natural de sentir ciertas emociones consideradas como más “negativas”. Un ejemplo de este tipo de emociones más molestas que las positivas (felicidad, tranquilidad, satisfacción, etc.) sería la ira. La ira es una emoción básica y universal, que nos aporta información muy valiosa respecto a lo que estamos viviendo. Por ejemplo, si después de ser estafada no sintiera enfado, lo más seguro es que no me movilizaría a la tienda para reclamar. Normalizar este tipo de emoción ante nuestros hijos es el primer paso para educar en emociones. Sin embargo, cuando se pierde el control, la ira se vuelve destructiva y suele acarrear problemas con los demás.

Para enseñar a los niños a manejar la ira es importante que tomen conciencia de que se están enfadando, y que para eso tienen que poner atención a las señales corporales. Explicarles que respirar más rápidamente o que el corazón se acelera, son signos de que uno se siente enfadado. Ante esto, y con el objetivo de que ellos sean los que manejen su ira para que no les lleve al descontrol, presentamos una serie de trucos que les podemos enseñar:

➢ Lo primero párate y piensa antes de actuar. No actúes aún, primero detente y cuenta hasta 10, o quizás hasta 50, hasta que notes más tranquilo.

➢ Respira hondo varias veces. Coge aire por la nariz, mantelo y suéltalo despacito por la boca.

➢ Avisa a la otra persona de que estas enfadándote o que no te gusta lo que te está haciendo.

➢ Si no se te pasa, vete a otro lugar hasta que te sientas calmado.

➢ Habla contigo mismo: -Tranquilo. No le hagas caso-.

➢ Otras cosas pueden ayudarte. Busca la que más te sirva: Cantar en voz alta, dibujar, patear una pelota…

Y cuando estés más calmado recuerda hablar con tu hermana, compañero de clase… de porqué te has enfadado. Así, el otro podrá saber que es lo que te molesta para no hacerlo de nuevo. ¡Ves! ¡Enfadarse ayuda a llevarse mejor con los demás!

Carmen Blanco Fernández

Psicóloga Gabinete Actúa Psicología

Positivizando la vida en pareja

Escrito por Sara Barbeito el . Posteado en Psicología, Terapia de pareja

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La pareja “idealmente” debería ser la principal fuente de apoyo, la vía de escape, de refuerzo, de liberación de tensiones, de afecto, sin embargo cuando esas funciones no se dan o desaparecen, la crisis llega también a la pareja. En este artículo intentaremos dar una serie de claves para que nuestra vida de pareja no se vea influenciada por la pérdida de estos pilares básicos en cualquier relación.

El primer paso para dificultar que esto suceda es ser consciente de la situación, tener un conocimiento de lo que está sucediendo o de lo que puede llegar a ocurrir y tratar de realizar un cambio propio y de nuestra relación desde una perspectiva proactiva y optimista.

Al tratar de positivizar nuestra relación no estamos fomentando que no se compartan los malos momentos o situaciones con nuestra familia, es más os animamos a hacerlo, pero una vez nos hayamos desahogado usemos este recurso, la pareja, para hacer un punto y aparte y tratar de liberarnos aunque sea momentáneamente de nuestro malestar o preocupaciones.

A continuación os proponemos 10 claves para mantener una vida positiva en pareja:

1. Comunicación directa y clara. Aunque nuestra pareja nos conoce es fundamental expresar los deseos, intenciones, desagrados de una forma directa, sin dobleces y sin atribuir intenciones en el otro, dando siempre mensajes en primera persona “A mí me parece” “Yo pienso”. De esta forma evitamos malos entendidos y fomentamos una comunicación clara y eficaz.

2. Compartir tiempo y actividades. Es importante mantener aquellas actividades que llevaron a que conformarais una pareja. Muchas veces nos dejamos llevar por el cansancio o por la rutina, quedándonos en casa viendo la televisión o encargándose cada uno de sus respectivas tareas, no obstante, estar en casa juntos no quiere decir pasar el tiempo juntos y eso es algo fundamental de diferenciar. Por tanto, para mantener la llama es importante dedicar tiempo a planificar y realizar actividades agradables conjuntamente.

3. Mantener el contacto físico. Parece algo de perogrullo, no obstante con frecuencia nos encontramos con parejas que a lo largo del tiempo prácticamente no mantienen contacto físico diario, a excepción de aquel relacionado con las relaciones sexuales y es fundamental tocarse, darse la mano, acariciarse, darse un beso, sin otro fin que demostrar cariño.

4. No todo debe ser rutina. Frecuentemente cuando llevamos viviendo algún tiempo juntos dejamos de sorprender al otro, de mostrar detalles. Es fundamental demostrar al otro que nos importa y que nos fijamos en sus gustos. Por tanto dedicar un tiempo a idear y sorprender a la pareja, ya sea con una nota, una cena o lo que nos ocurra, puede ser una de las mejores formas de ayudar a salir de la rutina y cultivar la vida en pareja.

Un día como cualquier otro…decidí

Escrito por Lidia Carmena el . Posteado en Psicología

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“Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar…

Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas,

decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución,

decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis,

decidí ver cada noche como un misterio a resolver,

decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y
 que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos.

Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar.

Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui.

Me dejó de importar quién ganara o perdiera,
ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien “Amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento: “el amor es una filosofía de vida”.

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados 
y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente.

Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas…

Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad,
desde aquel día ya no duermo para descansar…
ahora simplemente duermo para soñar”.

Walt Disney

Cuestión de tiempo

Escrito por Lidia Carmena el . Posteado en Psicología, Uncategorized

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El estrés es un proceso que se pone en marcha cuando percibimos o creemos que no tenemos suficientes recursos para afrontar las situaciones o problemas que se nos presentan. Muchos de estos problemas suelen estar relacionados con eventos cotidianos que tenemos que afrontar diariamente; elementos diarios que requieren nuestra atención, nuestro esfuerzo y nuestro tiempo. En muchas ocasiones, nos planteamos que es justamente la falta de tiempo la que nos ocasiona estas situaciones de estrés, el cual suele ir acompañado de emociones como la ira, la ansiedad o la frustración.

Normalmente, ante la falta de tiempo que tenemos para sobrellevar todo lo que se nos presenta en el día, nuestros esfuerzos se dirigen hacia la eficiencia: poder hacer más cosas y mejor en menos tiempo. A veces, disponer de más tiempo sí nos hace resolver asuntos que nos tenían preocupados, pero casi siempre a costa de otras actividades. Cuando tenemos que dedicar tiempo extra a algún problema, solemos extraer el tiempo quitándoselo a actividades placenteras o de ocio; pocas veces dejamos de realizar otras obligaciones para resolver el asunto urgente. Si decidimos dejar de realizar otras obligaciones para dedicar más tiempo a ese problema urgente, al final, lo que obtenemos suele ser preocupación por tener pendientes más cosas que realizar, y quizás frustración, por la falta de objetivos cumplidos.

Para evitar estas situaciones podemos plantearnos una mejor gestión del tiempo. La vía para gestionar nuestro tiempo y disminuir estrés, emociones negativas y malestar pasa por conocer qué es lo importante para cada uno, descubrir cuáles son nuestras metas y objetivos. Pequeños problemas cotidianos y cosas que resolver siempre vamos a tener, es parte de la vida, pero debemos aprender a priorizar. Y la mejor manera de priorizar es sabiendo qué es lo importante para cada uno, nuestros valores, nuestros objetivos a largo plazo.

Para algunas personas puede ser progresar en el trabajo, para otras pasar tiempo con la familia o los amigos, tener una buena calidad de vida, la salud… Es trabajo de cada persona averiguar sus propias metas y objetivos a largo plazo. Una vez identificados nuestros valores, podemos discernir que asuntos del día a día nos ayudan a conseguir nuestros objetivos, y qué asuntos pueden ser superfluos.

La buena gestión del tiempo pasa por clasificar todas las actividades que realizamos en el día en base a dos principios: urgencia e importancia. Las cosas urgentes son aquellas que nos apremian a hacerlas cuanto antes, que tienen un plazo de tiempo, que nos aceleran y nos ponen en marcha, como la entrega de algún proyecto en el trabajo, o el pago de un recibo que vence dentro de poco. Por otro lado, las cosas importantes, son de las que ya hemos hablado, aquellas tareas que realizamos que nos ayudan a conseguir lo que deseamos. Si somos una persona en la que uno de nuestros objetivos en la vida es progresar en nuestro trabajo, algo importante son todas aquellas cosas que tenemos que hacer para llevar nuestro trabajo al día. Si somos una persona para la cual es importante la familia, elementos importantes a realizar pueden ser pasar más tiempo con nuestros padres, nuestros hermanos, pareja, hijos.

Siguiendo estos dos principios, el de importancia y el de urgencia, obtenemos cuatro categorías, donde podemos clasificar todas las actividades y asuntos por hacer que nos encontramos en nuestro día a día:

Tareas importantes y urgentes: en esta categoría entran todas aquellas tareas que son esenciales para nuestros valores y objetivos (como, por ejemplo, nuestra carrera académica), y que además, tienen un plazo de tiempo, como por ejemplo, entregar el trabajo de la universidad antes del examen.

Tareas importantes y no urgentes: aquellas que nos ayudan a conseguir lo verdaderamente importante para nosotros, y que no tienen un plazo cerrado de tiempo. Si es importante para nosotros la amistad, aquí estaría pasar todas las semanas tiempo con nuestros amigos.

Tareas urgentes no importantes: aquí se engloban todas aquellas tareas que debemos realizar, con un plazo, pero que no nos ayudan de forma directa a perseguir nuestras metas. Por ejemplo, devolver un libro a la biblioteca.

Tareas no urgentes y no importantes: en esta categoría se encuentran todas esas tareas que nos quitan tiempo y esfuerzo, pero que cuando las evaluamos con detenimiento, ni son urgentes ni nos ayudan a conseguir nuestros objetivos, pero que a menudo nos suelen preocupar, y a veces, nos producen estrés. Un ejemplo de este tipo de tareas puede ser una reunión de vecinos.

Las tareas y problemas podemos gestionarlos siguiendo esta clasificación, tal y en el orden en el que está escrito. En determinadas situaciones podemos encontrarnos más cargados de trabajo o asuntos sociales, es perfectamente normal; cuando esto suceda, para amortiguar el estrés y tener una mejor gestión del tiempo, debemos priorizar y, si es necesario, eliminar de nuestra agenta las tareas y problemas de la última categoría, las cosas no importantes y no urgentes, que no tienen plazo de tiempo ni son importantes en relación a nuestros valores.

El objetivo no es intentar hacer todo más rápido, es ver qué es lo verdaderamente importante y gestionar el tiempo y el esfuerzo para estas cosas. Lo superfluo, aquellas cosas que a veces no nos aportan nada, son las que debemos suprimir, en beneficio de las importantes. Una buena gestión del tiempo ayuda a conseguir los propios valores y metas vitales, no perderse en el día a día y en la rutina, olvidando lo importante.

Por último, no debemos subestimar la importancia de poder pedir ayuda cuando lo necesitemos, saber aceptar que existen las interrupciones y los problemas imprevistos, que no siempre podemos terminar ni resolver todo, premiarnos y reforzarnos cuando realicemos las actividades y, esa gran desconocida para algunos, que puede ser aprender y permitirse delegar.

Ángeles Serrano Sevillano. Psicóloga.Actúa Gabinete de Psicologia